La Novia de Gólem

Hay una belleza inquieta en el mito. O varias. Una es que tiende a repetirse en el tiempo -transformado-; ahí tenemos por ejemplo al mito de Ícaro, y luego a Frankenstein. Otra -la que condujo a esta entrada- es que los mitos suelen dar la posibilidad -ya de por sí inmensos y compactos- de hacerse más grandes, sin envanecer. Como a un puzzle infinito al que se le añaden piezas, haciéndolos -a los mitos- nuestros. Quién sabe si por la simbiosis de enigma y sabiduría que los acompaña:

Castigada será la alegría que no está permitida.
“Ayapá. Cuentos de Jicotea”, Lydia Cabrera.

“La Novia de Gólem”

Como es por todos sabido
Gólem hubo de forjarse de la arcilla viva
animada por las manos de dios padre,
Gólem amó cuanto quiso a dios padre
por eso juró no amar a esposa alguna
si no existía aquella capaz
de moldearle la naturaleza, el hábito, el carácter
como así lo había modelado su creador

Pero el alfarero tenía una hija:
Greda, quien, habiendo aprendido el arte y oficio de su padre,
había larvado –en silencio–
un amor indomable por la criatura de barro,
cuyo eco de redención y liberación de su pueblo
le había llegado de oídas

En brazos de Greda,
Gólem sintió que, sin importar
la forma que adoptase
ella lo contendría,
Greda, no menos confiada de amor
aupaba de cálido aliento
las más diversas formas del Gólem:

“After”, Marlene Dumas

el Gólem héroe, el Gólem padre, el
Gólem orador, el Gólem pastor, el
Gólem jardinero, el Gólem guerrero,
el Gólem sirviente, el Gólem Santo,
el Gólem poeta, el Gólem alfarero,
el Gólem amante, el Gólem inventor,
el Gólem omnipotente…

Transformado en la condescendencia,
fuera de sí, hierático, siniestro,
después de abatir con lodo cúrcuma
las calderas, hornos y fauces de Greda,
y tras hacer que nevara fango
sobre su familia y su pueblo,
el Gólem se vio huyendo eternamente
al sitio en que nada es creado:
adonde todo existe o nada

*imagen portada: “Muchos no soportan una mujer creadora”, Marcia Schvartz

Lo que se desvanece

“Lo que se desvanece”

Como toda idea. Que en cuanto es. Deja de ser. Y desvanece. Al menos en lo inmediato. Ya que se sale de lo que percibir podemos. Trasladada a otra dimensión. Así este trípode en imagen (que no se hizo para tomar imágenes) luego de existir. Y ser empleado en trasladar materiales de construcción (rondana mediante): desvaneció. Igual si fue desvanecido! Igual que hayan anunciado una tormenta. Igual si no habrá más construcción. O porque fuera promovido a otro lugar. O porque un alienado se ahorcó en él. Y la familia hizo como que desapareció el arma. O si le cayó un rayo!

IMAG3272_1

Igualito desvanece la idea. La idea de tomar la foto. La ida. La hora ideal de la tarde pensada para obturar. Antes que una evolución ludita le haga muecas. Enfocar. Lograr el ángulo. La luz. Que también (se) desvanece.

IMAG3282_1

“En focar se”

En el modo en que la orca/ roca embate con su pico la superficie. Y lo hace desde el fondo y de frente. Hasta el punto en que sus ojos tocan el vértice, el espacio airoso; fuera entera su mitad del agua.
Mientras su otra mitad sigue siendo de mar. Se posicionan de cara a la luz, a lo a zul, a cierta hora del día, o de la noche más oscura; nunca tanto como la negrura en la que se aposa su otra mitad que sigue siendo mar. Elevándose en esta nueva percepción de oscuridad. En otro modo de respirar. Un respiro seco. Una ola japonesa no acuosa. Que en sí misma es. Que en sí misma hiede a foca, a León, a mar; incluso al desvanecer. A ese polvo de tormenta que invade nuestras bocas. Al polvo del exterior que atrapa su boca sabiendo a tierra y a arena. A ese cambio de sentido. De pulso.

IMG-20200825-WA0001
(Imagen de Pinterest)

Enmarcada en cornucopia se yergue la orca/ roca y ve al mundo por primera vez. Al mundo empañado. Al mundo proyecto. Fuera de foco.

PIEL MULHER

De mango y guayabas están compuestos mis sesos
que machaco en moledora de bebé tierno

Detrás del palo cucaracha tántala
justo en su cúpula
sombra de amores
que sólo copulan

Desamores de la puta que soy
de la segunda novia la eterna
la artista que deja para su muerte el mayor de los espectáculos
resucitando en vida
en mil amores
de entre delgados y flacos
para no morir de artistaje

De la mujer que amas con la oscuridad y con rabo bajo el blusón
mientras otra mujer ve de reojo cómo me dejo abrir de espaldas en lo oscuro y se va
dudando de mi sexo

De la piel que te goza
porque en tu cabeza hay un injerto que simula razones y luz

Desplantes de tu ego cortés humectan
prenden fuego a la corteza en mi rostro
prendido del polvo
de eso que llaman magia negra
y que no es más que colorete
barniz, cemento fino
empaque de clown abandonado

Me golpeo a mí misma
Por puta, por cebolla con cara de
niña
Por canto y cal con tronco de
muérdago
Por perra vieja que a no ladrar
solloza

Me golpeo por años de historia bajo hierba seca aguijoneada por simios
por el hombre histórico
por mi hambre
por el hambre de quien se sienta mujer
cantera, esclava, masa animada

Porque el golpe es un canto
Canto a mí, a cualquier savia
a su carmín, a todas las sábilas del mundo, a las madrinas infértiles, a todas las gatas paridas, a tu buena yerba, a la mala

Canto y digo
-no hay oquedad en esa que no te quiso, es furia de bien por no quererte
canto y digo
-nunca debiste creer que amarías a una mujer de mirada triste

*imagen: obra de la artista Idania del Río, incluida en la Campaña Divergentes, promovida por la Embajada de España en Cuba (https://bit.ly/30BqcrJ).

sangre revuelta

En lo que publico ya el quinto volcán se ha vuelto hecho.
 
el primero fue atribuido a la maternidad. se indicó examinar la zona y operar. esto quiere decir desactivar los puntos. reabrir la herida. hurgar. limpiar. verificar que no hubiese quedado escalpelo o gorrión tántalo dentro. recoser y esperar la menguante. pero antes que el bisturí afincara todos notaron que las puntadas apuntaban  a una sonrisa estética. fracasada la tesis de la reedición costural fue resuelto con tabletas para dieta de  anémona intestina. fomentos de uva. y baños de manzanilla. era ciego
al segundo no se le supo el vínculo hasta que no asomaron los siguientes. parecía común. aunque  también el primero de su tipo desde que la razón recuerde. la solución se centró en alongar la apertura ojival. dedo mediante. ocho veces al día. fomentar con el frío. aguantar en la mirilla cada dolor del forúnculo
el tres ya rebasó la sospecha. el labio se había vuelto rinoceronte bífido en humedal. poros abultados. calor. dolor por supuesto animal. se recomendaba reposo. coitus interruptus. esperar.  solo que un alea avanzó su final. hizo correr un arroyo. morder. supurar. y el trance desembocó en fomento caliente. juguete felpudo. resecado. antes relavado. tabletas de más. esta vez para tensión y para relajar. para el parásito arterial y el parásito subjetivo. fue una especie de fórum. digo. de grano la loma
hoy el cuarto aún creciente hinca. mientras es completado el informe.  su cabeza es vista a través de un pequeño túnel  que escucha. llega a picar. agripa. solo es posible acceder a la zona gracias a otras intervenciones. las tabletas no alcanzaron hasta aquí. no se fomenta con agua en ninguna de sus calorías. espino el muy punto en la cúspide del volcán rojo. ahora la cura está en observaciones. en esperar el próximo y el sexto y los demás. se han anunciado trece. auguraron veintiuno. una rotunda revoltura de la tinta interior. de la ciencia de los viejos. y de la ciencia. de lo que será del cuerpo. de los ánimos. más de diez sentenciaron. no hay la cura universal. será locura de sangre. continuará… n

 

junio 2 0. 2020

Masaje para un pelirrojo

Una pureza metálica me trajo...

como a un pañuelo en la lumbre de agua Y la sombra   de venir   o ha

de venir (del sitio que no espejea) alucinada batiente... como una

maga niña que  adolece no sacar la liebre 




masajeo tu pelo calvo de hiniesta

negra     como un gato rubio sin

dormir por el vecino limpia

peces... 



corporeo en los lindes de tus

esporas fieles   afilada por las

trufas descreidas   como tu

espalda joven comiendo cebolla

de corazón negro...




arrastrando cimientes

    coloro  versos y

si es que miento

 la sombra no  vuelve 

1_DXVelh99u1yWpiEmG-nXIg

“Los amantes”, de René Magritte

ERA CORONAVÍRICA*

 

*la de los nacidos durante los últimos doce meses y los próximos seis meses

IMAG2092_1

Esta ha de ser la generación

del pellizco

el soplo de aire

y el jalón de pelo

la que no tendría que comer

mariposas

porque ya que muerde vuela

y antes que abraza

saborea saxos anones

pechos madreselvas

y porque si de pronto explota

y hace Pof

calma la inquietud

sala lo malo

 

(Coronavirus: dibujo del niño Ernestico Rivera Antunez:-) 

de la serie “tender la responsabilidad” o “quedarse en casa”

Fotos caseras de “tapas en bocas” cerradas donde no entran moscas ni virus.

Nuevo atuendo que habita las tendederas hogareñas, donde tender la responsabilidad al sol -después de lavada y antes de planchada- es hoy cosa de primer orden.

Nasobuco, máscara, bozal, tapabocas, mordaza…, cosa alada a la que, se dice… se le ha cogido pronto cariño en las casas cubanas.

 

máscaras aladas

IMAG2616

 

el pequeño D’Artagnan

IMAG2622_1

 

éramos pocos*

IMG-20200401-WA0000_1

 

*Foto: Andy J. Sotolongo

También por La Habana (ciudad isla)

 

(ISLA, SHOW)

 

“La isla es el compendio,
en fin de tus versos, tu casa y tu ciudad,
Pero no los restrinjas a la Isla”.
Estos son textos de mi abandono, de Rogelio Orizondo.

 Una ciudad rodeada de mar* es la ciudad de una isla. Pongamos que esta isla lleva por nombre Ciudad de isla.
Una isla suele asociarse con habitantes cándidos, alegres y voluptuosos; suele asociarse con jolgorio y buen clima. Según la imagen de una isla, los visitantes que una vez se acercan, ya nunca más la dejan. Una isla es también vulnerable a la visita de intempestivos temporales; y sus habitantes, los isleños están familiarizados con esos fenómenos. Pongamos que estos isleños se embriagan con sus dichas cada día. Hasta un día.

Un día cambió el nombre de la ciudad. Nadie reparó en ello. Todo comenzó en una jornada de conmemoración; no hubo fiesta. Los habitantes sintieron un cansancio inusual al que no parecían prestar atención, pero pasados unos meses, les resultó insoportable. Los imbuía un agotamiento pegajoso para el que no existían remedios vitamínicos ni esotéricos. Los biólogos y antropólogos más conspicuos dictaminaron que era una cuestión de raza. Se hablaba de la probabilidad de incluir en la definición de gente de isla, una acepción que asociara al isleño con gente naturalmente desalentada y agotada:

-dícese de la lasitud característica de quien habita una isla-.

En esas andaban los que saben; los académicos de la lengua. Mientras, en Ciudad, la gente no buscaba los porqués, sino el modo de inmunizarse ante los nuevos síntomas; sin hacer caso de las especulaciones.

En medio de la conmemoración, envuelta en atmósfera solemne, la isla era invadida por extraños  aires. Hubo estruendos de cañones en la parte vieja de la urbe; no estaban en guerra, sin embargo, el agotamiento sensorial daba esa sensación. Iniciaban las campañas electorales que se hacían más allá, o sea, fuera de la isla. La firmeza de los vientos se extendió durante días, y se agravaba en las noches. En las noticias de más allá crecían los tejemanejes entre aspirantes y votantes. Los electores embriagados, inconscientes, parecían naufragar. Pero aquí el enemigo actual, mortal e invisible, insistía en ser ese viento, que no daba tregua.

Visitantes en Ciudad de isla –electores más allá– aumentaron sus visitas. Había quien se acercaba para medir el calibre y la velocidad de los vientos, o por llamar la atención sobre el fenómeno. Algunos por la sospecha de que la extraña circunstancia podía desaparecer en cualquier momento. A estas alturas, Ciudad de isla había pasado a ser Ciudad de los Vientos, cuyo eslogan decía:
LLÉGUESE A CIUDAD DE LOS VIENTOS, DONDE PODRÁ TOMAR BAÑOS DE AIRE LIBRE Y BEBER BRISAS A TIEMPO
La propaganda impulsó el cambio de nombre oficial. Los isleños, por su parte, continuaron habitando Ciudad de isla, agotados por costumbre, ajenos al cauce y a la existencia misma de los vientos, que hacía mucho tiempo habían perdido de vista.

 

*de una canción del cantautor Carlos Varela